
Cada vez que termina el encuentro disputado en Chapín por mi Xerez, haya sido cual haya sido el resultado, llego a casa dispuesto a ver el resumen del mismo por la pequeña pantalla esperando encontrarme alguna sorpresa de ultima hora que me haya podido perder in situ.
Siempre que acaba esa jornada pienso lo mismo, ya, hasta dentro de quince días, estoy de acuerdo que el Xerez juega a la semana siguiente pero, no es lo mismo. Es más, noto un aire de ansiedad por mi cuerpo cuando llega la jornada de sábado, donde al día siguiente juega el Xerez de visitante y sé que no voy a poder estar cerca de mis compañeros de ilusiones en la grada viéndolos correr de un lado para otro detrás del esférico intentando darme una alegría en forma de gol.
Espero y deseo que esta ansiedad no se acabe nunca ya que significaría que he dejado de sentir por estos colores o que el equipo de mi alma ha desaparecido.
Después de otra semana de absurdas discusiones sobre como ha jugado el equipo o si el entrenador de turno ha dado con la tecla en el once de la jornada, llega de nuevo el día de partido en Chapín donde la ansiedad se convierte en ilusión, la ilusión de verte cada quince días intentando hacerme sentir la felicidad convertida en abrazos tras la consecución de un tanto.
Un saludo a quien quiera recibirlo.
