( Angel Revaliente ). Este Xerez es como un juguete roto, que hay momentos en que parece que se puede recomponer pero que, al final, se vuelve a romper para desesperación de todos.
Hacía años que no me pasaba. Muchos años. Y mira que uno tiene ya experiencia en esto de teclear, primero la Olivetti y ahora el ordenador. Pero cuando llegaba de Chapín -el césped por cierto está para que Coag y Asaja pidan también subvención por zona catastrófica- se sentaba en su mesa y miraba a la pantalla, blanca, blanquísima, y no sabía cómo diantres meterle mano a las diez columnas semicompletas que tenía que rellenar. Pero no quedaba más remedio que echarle reaños a la cosa y comenzar a juntar letras para explicar que el Xerez ha perdido su sexto partido consecutivo, que ahora mismo sólo podría llegar, ganando los dos partidos que restan para terminar la primera vuelta, a los 13 puntos al ecuador de la competición, con lo que el asunto de la permanencia está más que complicado. Y perdió el partido porque sobre el rectángulo de juego había una diferencia de calidad ostensible; pero también una diferencia en lo físico importante y hasta una diferencia en lo técnico, a nivel de maniobras de banquillos, ostensibles. En el primer periodo el juego casi estuvo equilibrado, aunque el Valencia aprovechó un error enorme de Casado, que se quedó clavado a la hora de adelantar la línea del fuera de juego, para adelantarse en el marcador. No logró asentar su juego el cuadro ché y el Xerez, más por casta, por corazón, que por cabeza y calidad, se fue hacia adelante y sacó acciones puntuales como una entrada por banda derecha de Francis, a la que César respondió con acierto, o una acción importante de un Michel que se desgastó enormemente y hasta una jugada muy buena de Abel con pase a Momo y habilitación perfecta del canario para que Calvo alojase el balón en la red valencianista.
Se equilibraba el choque, pero la calidad desnivelaba. Joaquín obligó a Renan a emplearse a fondo y Villa se fue cuando y como quiso de David Prieto y le puso el esférico a Silva para que fusilase a Renan. Con muy poco, el Valencia se ponía por delante. Incluso Clos Gómez le regaló un libre indirecto dentro del área, por una cesión de Bergantiños que no fue tal, pero ya se sabe que pitarle al Xerez es rematadamente fácil. Michel tuvo la opción de empatar en el último suspiro del primer periodo y el Valencia se fue al vestuario ganando.
Y la segunda parte ya no existió. Michel cabeceó fuera, con todo a su favor, en el minuto 3 y ya no hubo disparo alguno de los xerecistas hasta el minuto 91, con un tiro de Carlos Calvo a las manos de César. El resto fue un querer y no poder, con un Valencia que manejó el choque a su antojo y que marcó un gol de esos que son imperdonables en Primera División. Carlos Marchena se acercó al área desde el mediocampo xerecista sin oposición, a pesar de que hasta seis jugadores xerecistas estuvieron intentando cortarle el paso. Nadie se lo cortó y el sevillano le pegó sin que Renan se pudiese enterar. Era eso el minuto 68, pero antes, diez minutos antes, Antoñito había salido por Abel.
Fue un disparate, al menos para que el esto suscribe, de cambio. Abel era el único que le ponía sentido al juego cuando tenía el esférico en su poder. Abel es el único que parecía que podía dar un pase acertado y lo sientan en el banquillo para que salga Antoñito y el centro del campo se quedase sin norte, porque ya Moreno acusaba el desgaste y Bergantiños corría de arriba a abajo, ponía todo de su parte, pero no lograba conectar con la parte de arriba. Con Michel, ya físicamente tocado y hundido y sin balones que llegasen, Antoñito no existió y el balance ofensivo del Xerez fue nulo. En el descanso, Aythami había suplido a David Prieto y Francis se tuvo que ir lesionado, con un pinchazo. A este Xerez ya le sale todo absolutamente mal y ya únicamente queda mirar lo que queda y aguantar como se pueda para dar la mejor cara posible y no hacer el ridículo en lo que queda de temporada, porque eso de la salvación suena ya a chino.
Hacía años que no me pasaba. Muchos años. Y mira que uno tiene ya experiencia en esto de teclear, primero la Olivetti y ahora el ordenador. Pero cuando llegaba de Chapín -el césped por cierto está para que Coag y Asaja pidan también subvención por zona catastrófica- se sentaba en su mesa y miraba a la pantalla, blanca, blanquísima, y no sabía cómo diantres meterle mano a las diez columnas semicompletas que tenía que rellenar. Pero no quedaba más remedio que echarle reaños a la cosa y comenzar a juntar letras para explicar que el Xerez ha perdido su sexto partido consecutivo, que ahora mismo sólo podría llegar, ganando los dos partidos que restan para terminar la primera vuelta, a los 13 puntos al ecuador de la competición, con lo que el asunto de la permanencia está más que complicado. Y perdió el partido porque sobre el rectángulo de juego había una diferencia de calidad ostensible; pero también una diferencia en lo físico importante y hasta una diferencia en lo técnico, a nivel de maniobras de banquillos, ostensibles. En el primer periodo el juego casi estuvo equilibrado, aunque el Valencia aprovechó un error enorme de Casado, que se quedó clavado a la hora de adelantar la línea del fuera de juego, para adelantarse en el marcador. No logró asentar su juego el cuadro ché y el Xerez, más por casta, por corazón, que por cabeza y calidad, se fue hacia adelante y sacó acciones puntuales como una entrada por banda derecha de Francis, a la que César respondió con acierto, o una acción importante de un Michel que se desgastó enormemente y hasta una jugada muy buena de Abel con pase a Momo y habilitación perfecta del canario para que Calvo alojase el balón en la red valencianista.
Se equilibraba el choque, pero la calidad desnivelaba. Joaquín obligó a Renan a emplearse a fondo y Villa se fue cuando y como quiso de David Prieto y le puso el esférico a Silva para que fusilase a Renan. Con muy poco, el Valencia se ponía por delante. Incluso Clos Gómez le regaló un libre indirecto dentro del área, por una cesión de Bergantiños que no fue tal, pero ya se sabe que pitarle al Xerez es rematadamente fácil. Michel tuvo la opción de empatar en el último suspiro del primer periodo y el Valencia se fue al vestuario ganando.
Y la segunda parte ya no existió. Michel cabeceó fuera, con todo a su favor, en el minuto 3 y ya no hubo disparo alguno de los xerecistas hasta el minuto 91, con un tiro de Carlos Calvo a las manos de César. El resto fue un querer y no poder, con un Valencia que manejó el choque a su antojo y que marcó un gol de esos que son imperdonables en Primera División. Carlos Marchena se acercó al área desde el mediocampo xerecista sin oposición, a pesar de que hasta seis jugadores xerecistas estuvieron intentando cortarle el paso. Nadie se lo cortó y el sevillano le pegó sin que Renan se pudiese enterar. Era eso el minuto 68, pero antes, diez minutos antes, Antoñito había salido por Abel.
Fue un disparate, al menos para que el esto suscribe, de cambio. Abel era el único que le ponía sentido al juego cuando tenía el esférico en su poder. Abel es el único que parecía que podía dar un pase acertado y lo sientan en el banquillo para que salga Antoñito y el centro del campo se quedase sin norte, porque ya Moreno acusaba el desgaste y Bergantiños corría de arriba a abajo, ponía todo de su parte, pero no lograba conectar con la parte de arriba. Con Michel, ya físicamente tocado y hundido y sin balones que llegasen, Antoñito no existió y el balance ofensivo del Xerez fue nulo. En el descanso, Aythami había suplido a David Prieto y Francis se tuvo que ir lesionado, con un pinchazo. A este Xerez ya le sale todo absolutamente mal y ya únicamente queda mirar lo que queda y aguantar como se pueda para dar la mejor cara posible y no hacer el ridículo en lo que queda de temporada, porque eso de la salvación suena ya a chino.
Fuente: Andalucía Información














